Esta es la razón por la que Constructor a la fuga no enseña las caras de los perseguidos

Escrito por Jose Luis
Televisión Digital Terrestre
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Ayer llegó la tercera entrega de uno de los programas que más han sorprendido de la parilla de docu-reallitys de La Sexta. Un Constructor a la fuga que sigue los pasos de esa Pesadilla en la cocina o El jefe infiltrado y que tiene como misión última devolver la alegría a las familias que han sido ¿estafadas? en la construcción o reacondicionamiento de sus viviendas.

La cara borrosa

Uno de los grandes alicientes de Constructor a la fuga llega precisamente cuando el elenco del programa consigue dar con el contratista que ha hecho la chapuza de turno o, directamente, se ha llevado el dinero sin terminar las obras. Como es lógico, todo el mundo quiere verle la cara por si se da la circunstancia de que vivimos cerca de él y, gracias al programa, podemos evitarnos caer en su garras.

Pero claro, de las tres entregas que lleva el espacio solo en una hemos podido ver la cara de uno de esos perseguidos y fue, precisamente, en un capítulo donde se ofrecía a colaborar en la reconstrucción de la obra y echar una mano completamente gratis para intentar resarcirse del mal ocasionado.

Constructor a la fuga

La constructora da las razones

Según informa Vertele, las razones que esgrimen los responsables del programa para ocultar sus identidades tiene que ver con una cuestión puramente legal: no pueden mostrar el rostro de alguien si no tienen su consentimiento expreso por escrito, y en el caso de los programas uno y tres no lo tenían. Así que toca poner borrosa la cara y dejar a la audiencia con un palmo de narices y sin acabar conociendo al desalmado que estafó a alguna pareja ilusionada con su nueva casa.

¿Puede esto pasar factura a la audiencia de Constructor a la fuga? En las redes sociales muchos se quejan de que le quitan interés a los capítulos aunque lo cierto es que el formato tiene otras muchas ventajas más que evidentes: comprobar cómo está de mal la casa, ver la investigación policial y, finalmente, descubrir los cambios y lo bonito que dejan todo cuando pasa la cuadrilla de constructores del programa. Un poco como ocurre en Pesadilla en la cocina cuando los dueños del negocio vuelven al local para ver cómo lo han dejado los que acompañan a Alberto Chicote.

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