Crítica de El puente de los espías: cuando el cine contagia y enamora

Escrito por Nacho Requena
Cine
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Decía Fellini que “un buen vino es como una buena película: dura un instante y te deja en la boca un sabor a gloria; es nuevo en cada sorbo y, como ocurre con las películas, nace y renace en cada saboreador”. Si el productor de vinos fuera Steven Spielberg, podríamos decir que ha hecho muchos a lo largo de su dilatada carrera. Algunos malos, otros buenos y otros maravillosos. En esta última categoría entraría El puente de los espías.

Steven Spielberg lo ha vuelto a hacer a los mandos de una cámara. Ha conseguido contagiar, enamorar con cada plano, secuencia o segundo de metraje que tiene El puente de los espías. Ha llevado una historia real a un plano narrativo ficticio con una casi sobresaliente puesta en escena. Y no es fácil lograr esto. Para ello, se ha apoyado no sólo de su calidad al frente de la dirección, sino también en un inconmensurable Tom Hanks, quien demuestra, una vez más, el porqué tiene dos Oscar en su haber.

Pero vayamos por partes.

Una historia real

Crítica de El puente de los espías: cuando el cine contagia y enamora

En el cine siempre gusta decir eso de “basada en una historia real”. Le da toda la verosimilitud posible a una obra, dejando vía libre a las licencias creativas. En este caso en particular, el argumento de la cinta parte de la década de los años 60. En efecto, Estados Unidos y la Unión Soviética se encuentran en plena Guerra Fría. El arranque de la producción es fulgurante, sin detenimiento: se persigue a un espía soviético en plena ciudad de Nueva York. Primer punto.

El 1 de mayo de 1960 un avión espía estadounidense es derribado por el ejército enemigo cuando sobrevolaba territorio soviético. Sorprendentemente, el piloto Francis Gary Powers logra escapar gracias a su paracaídas. Cuando ya se creía a salvo, el piloto del avión U-2 es capturado por los soviéticos. Tras este suceso, el abogado especializado en seguros James B. Donovan es reclutado por la CIA como encargado de negociar la liberación del soldado. Segundo punto.

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Sobre estos dos pilares se sustenta la obra de Spielberg, con Donovan (Tom Hanks) cerrando la cuadratura del círculo. El primer cuarto de la película se centra en la defensa del espía ruso por parte de Donovan (como abogado que es), mientras que las otras tres cuartas partes inciden en las negociaciones que ambos países van a llevar a cambio. Un canje.

Las casi dos horas y media que dura la producción son una crítica constante a uno de los periodos más tensos que ha vivido la Humanidad, como es la Guerra Fría. El equipo de rodaje, empezando por Steven Spielberg, ha logrado recrear con gran similitud dicho momento. Esa tensión, ese miedo implícito ante el peligro, esos polos antagónicos sobre los que pesaba una catástrofe nuclear a punto de estallar.

El puente de los espías está rodeada de un halo de tristeza, de cierta melancolía, pero a su vez impregnada de una comicidad que asusta. Un humor que transmite el propio Donovan en su estancia en suelo soviético con cada paso que da, donde sólo quiere volver a casa porque se está poniendo malo debido al frío que hace (y con un chiste sobre el comunismo y un “abrigo” que abruma de lo bueno que es).

Crítica de El puente de los espías: cuando el cine contagia y enamora

Spielberg sabe transmitir a su película ese humor tan personal que le caracteriza, ese chascarrillo que a veces también le ha salido mal. Lógicamente, para ello toma a Tom Hanks, un actor que ya no tiene que demostrar sus cualidades camaleónicas. Da igual que lo veas con una deficiencia mental, naufragando en una isla, combatiendo a las fuerzas alemanas nazis o siendo un abogado de los años 60. Lo va a hacer bien. No tenemos calificativos para Ton Hanks a estas alturas.

Mención independiente merece también Mark Rylance, encargado de interpretar al espía ruso. Spielberg ha demostrado que sabe encontrar al con actor idóneo en el momento oportuno. Mejor dicho, en este caso el ojo clínico a nivel interpretativo lo tuvo su hijo Sawyer, quien mostró a su padre en YouTube las clases de este actor británico. Casting, prueba y para dentro.

El único “pero” que se le puede poner a la cinta es, como suele ser habitual, el maniqueísmo tan tópico que las películas estadounidenses llevan implícito a la hora de hablar de la Unión Soviética. Son detalles simples, nimios, pero que se perciben con poco que el espectador arrastre cierta cultura cinéfila (el norteamericano no tortura, el ruso sí; el yanqui trata con delicadeza al preso, el “rojo” no le deja ni dormir y le hace la vida imposible). Estos detalles, por suerte, no manchan la crítica a la Guerra Fría a la que hacemos referencia, pero eran fáciles de omitir.

el puente de los espias estreno 3

El puente de los espías es maravillosa. Había ganas de ver de nuevo a este Spielberg. Un Steven más personal, alejado de ataduras y que no lleva en la frente el sello de “tengo que petarlo en taquilla”. Paciencia, parsimonia en el rodaje y amor por lo que se hace.

Vayan a verla.

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