Crítica de Los odiosos ocho (The Hateful Eight), paciencia antes del gozo

Escrito por Nacho Requena
Cine
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Cuando por las redes sociales se discute sobre cine, hay una frase que se repite habitualmente: “Una persona que no sabe de cine y quiera darse el pego siempre te nombrará a Tarantino”. Esta afirmación elevada a máxima categórica -un hábito en Internet para dictar sentencia en foros y, sobre todo, en los 140 caracteres que permite Twitter-, esconde en sí una realidad: Quentin Tarantino es un director muy especial.

Cuando hago referencia al “muy especial” es que sabe coger lo mejor de ese cine menos convencional e introducirlo en una pieza de superproducción. Ese mimo, ese detalle, esa peculiaridad en cada plano sabe mimetizarla con un contenido apto para el público mayoritario, lo que le ha valido para sellar esa afirmación del primer párrafo. Sin embargo, con Los odiosos ocho (The Hateful Eight) rompe esa dinámica y se atreve con su producción más arriesgada de los últimos años (y quizás de su filmografía).

Sinopsis: pocos años después de la Guerra de Secesión, una diligencia avanza a toda velocidad por el invernal paisaje de Wyoming. Los pasajeros, el cazarrecompensas John Ruth (Kurt Russell) y su fugitiva Daisy Domergue (Jennifer Jason Leigh), intentan llegar rápidamente al pueblo de Red Rock, donde Ruth entregará a Domergue a la justicia. Por el camino, se encuentran con dos desconocidos: el mayor Marquis Warren (Samuel L. Jackson), un antiguo soldado de la Unión convertido en cazarrecompensas de mala reputación, y Chris Mannix (Walton Goggins), un renegado sureño que afirma ser el nuevo sheriff del pueblo. Como se aproxima una ventisca, los cuatro se refugian en la Mercería de Minnie, una parada para diligencias de un puerto de montaña. Cuando llegan al local se topan con cuatro rostros desconocidos. Bob (Demian Bichir), que se encuentra allí refugiado junto con Oswaldo Mobray (Tim Roth), verdugo de Red Rock, el vaquero Joe Gage (Michael Madsen) y el general confederado Sanford Smithers (Bruce Dern). Mientras la tormenta cae sobre la parada de montaña, los ocho viajeros descubren que tal vez no lleguen hasta Red Rock después de todo… (Filmaffinity)

Los Odiosos ocho de Quentin Tarantino

The Hateful Eight está dividida en varios capítulos, todos ellos con su planteamiento, nudo y desenlace y encadenándose mutuamente. A su vez, un narrador omnisciente va encaminando al espectador por cada uno para que no pierda detalle. No obstante, la película se podría segmentar en dos mitades.

La primera parte de Los odiosos ocho es lenta, carente de ritmo y, por qué no, aburrida. Para muestra, un simple ejemplo: la chica que estaba en justo en la fila anterior a mí pegó una cabezada durante unos minutos. Y no le culpo, ya que servidor estuvo por hacer lo mismo. Es en ese momento cuando me pregunté si realmente estaba en una cinta de Quentin Tarantino, ya que la celeridad que suele impregnar a sus producciones no aparecía por ningún lado. Pero aguanté. Y mereció la pena.

La segunda mitad de The Hateful Eight es una catarsis visual para el espectador. Es la recompensa por haber estado aguantando hora y media de tediosa carga narrativa, el premio a la paciencia. Durante la primera hora y media Tarantino abusa de la verborrea, mientras que en la otra hora y media restante el ritmo sí casa más con sus películas. Acción, sus planos y sus guiones, todo enlatado en una muestra única y de lo mejor que se puede ver actualmente en las salas.

The Hateful Eight, primer tráiler del esperado regreso de Tarantino (vídeo)

No cabe duda de que el director busca con esta otra mitad la complaciencia de sus seguidores más acérrimos, sabedor de que durante la primera hora y media los había perdido por completo. Sin embargo, esta es la peculiaridad, la característica exclusiva que posee The Hateful Eight.

¿Quiere decir esto que la primera mitad sobra? Para nada, es imprescindible para entender la segunda, pero donde fracasa Tarantino es en hacerla tan extensa en duración: la mitad de metraje habría estado mucho mejor, por no decir una tercera parte.

Asimismo, es en esta segunda mitad cuando los actores más se lucen ante la cámara, cuando podemos ver a un Samuel L. Jackson jugando al despiste; a un soberbio Tim Roth que recuerda a Waltz en numerosas ocasiones; o una Jennifer Jason Leigh que con cada secuencia que posee demuestra su valía ante el objetivo.

Los Odiosos ocho de Quentin Tarantino

Sobra decir que, aunque Tarantino no sepa llevar el guión durante la primera mitad, la maestría del de Tennessee con la cámara permanece inalterable en todo momento, sobre todo con los primeros planos de la cinta en la nevada montaña. Asimismo, a esta composición visual le acompaña, cómo no, la música de un Ennio Morricone que no tiene que demostrar nada: es un genio, ponerlo en duda es una osadía.

The Hateful Eight es una película atípica si tenemos en cuenta las predecesoras de Tarantino. Pero es precisamente esto lo que la convierte en algo especial, único y de obligatorio visionado. Eso sí, echadle paciencia: si esto fuera un BluRay, no me sorprendería que quitarais el disco.

Crítica de Los odiosos ocho (The Hateful Eight), paciencia antes del gozo


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Comentarios

2 comentarios
  1. Javier 17 Ene, 16 1:38

    La primera parte de la película es larga, sí, pero en absoluto aburrida. Los diálogos y la actuación son tan magnéticos como en toda la filmografía tarantiniana (a destacar la “robaplanos” Jennifer Jason Leigh, Samuel L. Jackson, Tim Roth y Walton Goggins).

    Reducir en esta crítica la esencia de Tarantino a la violencia de la segunda parte es no saber disfrutar sus películas.

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    1. wjme 18 Ene, 16 4:06

      completamente de acuerdo, pero creo que trató de dar un punto de vista para el espectador común que quizás no tenga paciencia, lo digo porque yo disfruto las películas con tiempos muertos esas si son lentas y tarantino esta lejos de ser un director aburrido.

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