El Ministerio del Tiempo: cinco razones para empezar a verla

Escrito por Nacho Requena
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El Ministerio del Tiempo abre sus puertas -esta presentación está ya muy trillada, pero el guión lo requiere- esta noche a partir de las 22:15 horas. La serie de La 1 de TVE arranca con una segunda temporada cargada de novedades y un objetivo claro: que el seguidor de la primera temporada vuelva a disfrutar con las aventuras de la patrulla temporal. Si todavía no has empezado a verla, aquí te decimos el porqué tienes que hacerlo.

1. La calidad que atesora

El Ministerio del Tiempo es, sin lugar a discusión posible, una de las mejores series que ha dado este país. Quitando a la excelsa Crematorio dirigida y escrita por Jorge Sánchez-Cabezudo (basada a su vez en la novela homónima de Rafael Chirbes), habría que tirar de hemeroteca -y mucha memoria- para ver si alguna ficción se acerca al nivel cualitativo que atesora la producción de la cadena pública.

Este sello de garantía se traduce en multitud de campos, pero hay uno que destaca por encima del resto: su guión. En España estamos acostumbrados a horteras comunidades de vecinos con ‘folleteo’ a todas horas, tascas de bares o formatos arquetipos que son del clamor de la audiencia. Es difícil innovar y apostar por otras mecánicas, y El Ministerio del Tiempo se lanzó a la piscina con viajes temporales. Ahí es nada.

Quizás los más puristas puedan alegar que es una copia de Doctor Who, pero aquí servidor preferiría decir que Javier Olivares y compañía toma referencias de la serie británica. Al fin y al cabo, la dificultad del asunto no estriba en qué se basa el argumento, sino en tener los bemoles para implementarla en este territorio audiovisual tan especial que es España. La industria ha sabido valorarlo: se ha llevado el 99 por ciento de los premios a Mejor Serie de 2015. Qué menos.

Javier Olivares creador de Víctor Ros

2. La historia es la que es

Viajes temporales donde Velázquez conoce a Pablo Picasso. Compro y póngame diez más. Descubrir la historia de España con guiños tan elocuentes es una de las grandes bazas de El Ministerio del Tiempo. Los personajes viajan a diferentes épocas históricas, lo que provoca situaciones tan surrealistas como la comentada en este mismo párrafo.

En esta segunda temporada harán acto de presencia personajes como El Cid, Cervantes, Napoleón, Cristobal Colón, los últimos de Filipinas o Felipe II, con épocas históricas como la Castilla medieval, el Raval barcelonés de principios del siglo XX, la epidemia de gripe española o los terribles sucesos de los asesinatos de la calle Grilo.

Fruto de la importancia de enseñar historia de una manera tan didáctica se ejemplifica con celeridad: las búsquedas de Lope de Vega se cuadriplicaron en la Wikipedia el día que apareció en la primera temporada. Profesores de secundaria, cojan buena nota, como diría Lopera.

El Ministerio del Tiempo: Sergio Peris-Mencheta interpretará al Cid

3. Fenómeno fan y transmedia

El Ministerio del Tiempo no es una serie que haya tenido una gran audiencia durante su primera temporada. No obstante, en numerosas ocasiones hemos comentado que los medidores de share están anticuados y hay que empezar a valorar a los programas por otros campos más fidedignos, como que El Ministerio del Tiempo es la serie más vista de la historia en la web de RTVE.

¿Qué significa eso? Que el target de la ficción no es el clásico que se sienta delante del sofá a visionarla, sino que prefiere ver los capítulos bajo demanda, es decir, se acerca al seriéfilo que consume Netflix, Movistar+ o diferentes plataformas audiovisuales. Visiono el contenido cuando quiero y como quiero.

El tener a una audiencia “diferente” se traduce, a su vez, en un fenómeno inaudito en nuestro país: el del fanboy. Grupos de Whatsapp para comentar la serie y las teorías, decenas de perfiles con los personajes de la serie en Twitter, calles atestadas de gente disfrazada de personajes históricos para ver la premiere de la segunda temporada… El Ministerio del Tiempo ha roto todo lo preconcebido en torno a los fans, y este año habrá novedades como una miniserie radiofónica o programas de realidad virtual.

El Ministerio del Tiempo: cinco razones para empezar a verla

4. La coralidad y sus personajes

Este punto cuatro deriva del primero, aunque hace falta analizarlo someramente. El Ministerio del Tiempo es una serie coral de viajes en el tiempo. Cada capítulo se mueve en un eje con varias secciones independientes. Cada una de estas intersecciones corresponde a un personaje con su propio argumento.

De esta manera, el episodio puede girar en torno a un personaje histórico, pero Amelia, Julián, Alonso o cualquier de los coprotagonistas de la ficción tienen su propio espacio, una metahistoria que ahonda en sus vidas. Esta coralidad cobra fuerza gracias a la buena construcción que tiene cada uno a nivel de guión, ya que se inserta en los capítulos de manera orgánica y con bastante soltura.

El Ministerio del Tiempo: Sergio Peris-Mencheta interpretará al Cid

5. El apoyo por lo diferente

El último punto es el más personal de todos, pero a su vez es obligatorio. Hay que ver El Ministerio del Tiempo para que la ficción nacional alcance un nuevo estadio evolutivo. Apostar por una serie de tal calado no es fácil, por lo que seguir el trascurso de la misma es la única vía para su subsistencia.

Asimismo, que una serie como El Ministerio del Tiempo funcione abre un abanico de posibilidades a que las productoras apuesten por material similar. Netflix ya ha dicho que quiere invertir en nuestro país con serie alejadas del esquema clásico, así que el buen hacer de ficciones como El Ministerio del Tiempo sirve para derribar muros culturales.

Trece capítulos nos esperan en la segunda temporada. La primera son ocho. Corre a verlos, insensato.

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Comentarios

2 comentarios
  1. Eduardo 15 Feb, 16 21:03

    “de los asesinatos de la calle Grilo.”
    Es la calle Antonio Grilo.

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    1. Nacho Requena 15 Feb, 16 21:43

      Correcto, Eduardo. He puesto Grilo por hacerlo más coloquial, pero sé que el nombre completo de la calle lleva delante el Antonio.

      ¡Un abrazo!
      Nacho

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