Crítica de ‘Cien años de perdón’, atraco a la corrupción política

Escrito por Nacho Requena
Cine
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Señores, esto es un atraco“. Esta frase es una de las más repetidas en el imaginario colectivo del mundo cinematográfico. Atracos a bancos y sedes hemos tenido a cascoporro en el terreno audiovisual, de ahí que cada uno de ellos dependa más de la manera en la que se cuenta que el propio atraco en sí. En otras palabras: interesa cuál es el leitmotiv del golpe más allá del puro interés material y de la plata.

En el caso concreto de ‘Cien años de perdón‘, la narrativa nos lleva a un caso de corrupción en España como telón de fondo. Nada mejor para empatizar con el espectador, ¿verdad? A todas horas tenemos esta problemática en la televisión, es nuestro día a día y estamos tan habituados a ella que ya no sorprende que un político de tres al cuarto meta las manos en mierda ajena. Jorge Guerricaechevarría aprovecha esta sabia coyuntura social para trazar toda la trama. Y bendita sea ella.

Una mañana lluviosa. Seis hombres disfrazados y armados asaltan la sede central de un banco en Valencia. Lo que parecía un robo limpio y fácil pronto se complica, y nada saldrá como estaba planeado. Esto provoca desconfianza y enfrentamiento entre los dos líderes de la banda, “El Uruguayo” y “El Gallego”. Pero ¿qué es exactamente lo que buscan los atracadores? (FILMAFFINITY)

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El thriller como mecanismo

Ay, el thriller. Ay. La vida en sí es un thriller donde abundan los cliffhangers de dudoso gusto. Articular uno de ellos para el cine se convierte en el mejor mecanismo para contar la realidad del día a día, esa que nos rodea y de la que es imposible escapar. Pero no es fácil.

Rodar un thriller supone un esfuerzo creativo extra por parte del director, principalmente por esa pequeña -gran- particularidad que tienen todos: mantener la tensión en el espectador. A los mandos de la cámara, Daniel Calparsoro consigue su cometido durante los casi 97 minutos de película, con muchos más altos que bajos durante la producción de la misma.

Calparsoro sabe jugar con el formato. Lo entiende. Lo mima. Le da forma junto a Guerricaechevarría de una notable manera, y para ello usa el recurso coral y los conflictos personales de cada bando: los problemas de cada uno de los atracadores y los miedos de los negociadores de la Policía. Se mueve como un reloj de cuerda. Tic, tac. Y da la hora. Con precisión suiza.

El reloj funciona gracias a unos engranajes de calidad, pero la precisión aritmética de las agujas recae sobre los hombros de una persona: Rodrigo de la Serna. El actor argentino está inconmensurable. Él se come la cámara, la digiere y la vuelve a sacar reluciente. Un proceso digestivo que cualquier espectador valorará conforme avancen los compases de la cinta.

El resto del reparto también está a una gran altura, con Luis Tosar y Joaquín Furriel un pequeño peldaño por encima. Asimismo, la siempre importante aportación de José Coronado suma a una producción en la que ninguno desentona y todos suman.

Crítica de 'Cien años de perdón', atraco a la corrupción política

‘Cien años de perdón’ es directa y entretenida. No se anda por rodeos innecesarios y sabe conciliar rápido con el espectador, tanto por la celeridad de la trama como por el tema tratado en la misma.

Es una película necesaria, que sabe ahondar en la llaga que delimita lo ético y moralmente aceptable de lo ilegal e indecoroso. ¿Quién es más corrupto al fin y al cabo?, ¿el que atraca un banco o el que roba desde el poder?

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