Cuando la muerte tiene un precio: Niza y el sensacionalismo

Escrito por Nacho Requena
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Cuando entré a estudiar Periodismo en su día -en la ya extinta Licenciatura-, un profesor nos facilitó el “Código deontológico del periodista” con una consigna: “Esto es lo que tendréis que cumplir el día que estéis en una redacción”. Desde ese momento, lo interioricé y acaté con mejor o peor suerte, pero siempre con un dogma en mente: tras una noticia aséptica puede existir dolor. Y el “puede” se quita cuando se habla de muertes.

En el punto 4 de los “Principios generales”, el código de la FAPE (Federación de Asociaciones de la Prensa de España) cita lo siguiente: “Sin perjuicio de proteger el derecho de los ciudadanos a estar informados, el periodista respetará el derecho de las personas a su propia intimidad e imagen“. Si ahondamos un poco más, el apartado “b” lo deja claro: “En el tratamiento informativo de los asuntos en que medien elementos de dolor o aflicción en las personas afectadas, el periodista evitará la intromisión gratuita y las especulaciones innecesarias sobre sus sentimientos y circunstancias”. Y el “c” también: “Las restricciones sobre intromisiones en la intimidad deberán observarse con especial cuidado cuando se trate de personas ingresadas en Centros hospitalarios o en instituciones similares”. La pregunta es sencilla: ¿por qué diablos en la prensa no respetamos estos dos apartados? 

Asisto atónito a otro apedreamiento de la profesión con los atentados en Niza. Fotos de cuerpos desgarrados donde se ven las caras; vídeos con las personas muertas en la carretera que no aportan ningún valor informativo; sensacionalismo banal sobre la vida de cada uno de los fallecidos… ¿Dónde dejamos “la intromisión gratuita”? Se repite cada día, en cada atentado, pero ahora el foco mediático es en Francia. Otra vez.

Existe una gran diferencia entre abordar un hecho y hacer sangre y amarillismo del mismo. Lanzar como si fueran esporas las imágenes de los cadáveres sin tapar, con sus caras al aire, no añade valor, sólo morbo. Pero esto vende. La muerte sí tiene un precio que se paga en visitas.

Han pasado más de 100 años y todavía retumba en mi cabeza la frase de William Randolph Hearst antes de arrancar el conflicto bélico de Cuba: “Tú pon las fotos, que yo pondré la guerra”. La cuadratura del círculo.

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