Pesadilla en la cocina viaja hasta Madrid para enfrentarse a un cocinero de ‘armas tomar’

Escrito por Jose Luis
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Llevamos ya unos cuantos capítulos de la quinta temporada de Pesadilla en la cocina y hemos visto de todo, incluso a un Alberto Chicote superado por algunos dueños incapaces de reaccionar ante la deriva de sus negocios. Hoy la cosa va mucho más allá porque a diferencia del jefe, es el cocinero el que parece llevar los pantalones en el restaurante Baltia.

La desesperación de Chicote

Así que hoy Pesadilla en la cocina viaja hasta Madrid, hasta un barrio residencial donde está ubicado el Baltia. Un negocio que apenas lleva un año abierto y que tiene como principal protagonista a un “visceral cocinero y un dueño dominado por la apatía y la desgana”. A este hecho hay que unir que tampoco ofrecen una carta de calidad y nivel por lo que los consejos de Alberto Chicote se convierten en fundamentales.

La historia del restaurante de hoy es la de Luis, un “encargado de restaurante de larga trayectoria” que se lanzó a montar su propio negocio junto a su pareja, Esther, que a diferencia del dueño apenas tiene experiencia en restauración. Todas esas circunstancias han llevado a que el Baltia, apenas 12 meses después de abrir sus puertas, esté más cerca del cierre que de continuar su andadura. Es más, a buen seguro que la combinación os suena: “Luis está completamente desmotivado, se bloquea ante cualquier problema y no sabe responder con firmeza”. Mientras que su pareja “parece tomarse el negocio a broma y en ocasiones se comporta como una niña pequeña ante los más mínimos contratiempos”.

Pesadilla en la cocina T5

Pero el plato fuerte del Baltia no está en sus dueños, sino en Ronal, “un cocinero que dice amar los fogones pero cuyo concepto de limpieza y profesionalidad están muy lejos de lo convenido”. Con este panorama llega Alberto Chicote para corregir los errores “heredados en el servicio y la cocina así como dar con una carta acorde a las apetencias de sus vecinos”. Pero no se lo pondrán fácil porque el cocinero, además de no aceptar las críticas, es de los que a la mínima no dudan en llegar a las manos si hace falta.

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