Pesadilla en la cocina viaja hasta un italiano donde vuelan las pizzas cuando se enfada el cocinero

Escrito por Jose Luis
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La verdad es que Alberto Chicote está pasando una quinta temporada algo más movidita de lo normal y prueba de ello son los líos que se está encontrando en los locales a los que acude, donde la tensión y, en muchos casos, la violencia, se masca en el ambiente. Hoy, sin embargo, serán las pizzas y las paredes las que paguen los platos rotos de los enfados del cocinero.

Viaje hasta Cádiz

Hoy Pesadilla en la cocina se marcha hasta Ubrique, en la provincia de Cádiz, a un local que se llama Il Tartufo y que como podéis adivinar por su nombre se trata de un restaurante italiano que presume de una salsa secreta que utiliza en todas sus pizzas. Un local que no pasa por un buen momento y que Alberto Chicote rápidamente sabrá por qué.

Il Tartufo es una pizzería con servicio a domicilio capitaneado por Andrea y Mina, dos profesionales de la hostelería, italianos, que llevan toda la vida en el mundo de la restauración y que en el pasado han gozado del éxito en locales tanto de Madrid como de Cádiz. Por desgracia, ahora su fórmula no les está funcionando por culpa de un dueño frustrado, un servicio a domicilio que flaquea y, lo peor de todo, una comida que no es del todo italiana.

Pesadilla en la cocina

Probar la comida a dominicilio

Es habitual ver llegar a Alberto Chicote al restaurante de turno y esperar sentado a que le atiendan y le empiecen a servir los platos para valorar la comida. Pues bien, en la entrega de esta noche el proceso no será así. Al tratarse de un restaurante con servicio a domicilio, el chef pedirá las pizzas por teléfono y se las llevarán hasta el hotel, donde no solo comprobará la calidad de la comida sino también la rapidez de la entrega de los pedidos. Como podéis imaginar, los platos distarán mucho de ser verdaderamente italianos.

Los dueños atribuyen el desastre “a la ausencia de su hijo Danilo, un prometedor cocinero que antes trabajaba con ellos pero Alberto Chicote descubrirá que tanta añoranza no esconde sino una profunda desmotivación”. Al desánimo de sus jefes se le une “una completa falta de organización y un caos evidente: en sus arrebatos, el dueño lanza las pizzas contra la pared, las motos de reparto llevan linternas en lugar de faros y su salsa secreta no es más que kétchup con mostaza y nata”.

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